EL RETORNO DE
LA PAZ
Inicio Una novela del escritor costarricense José Neri Murillo Porras (1908-1966)
033 El
primero de abril el discípulo del Dr. Laval se despidió de sus futuros
suegros, de Mayra, del doctor Martínez y de la familia Chartier. Por
la tarde fue donde Yolanda quien lo esperaba sola, como de costumbre. Él,
que deseaba aprovechar hasta los últimos momentos de su permanencia en
San José para estar junto a ella, allí hablaron extensamente: ¾Mañana saldré a las cuatro de la mañana. Todo lo tengo listo para mi
viaje. Lo único agradable que voy a experimentar, va a ser mi regreso.
<<Retorno>> te dirá que deseo retornar pronto. ¾
Cuando llegués a San Francisco, te ruego me escribás inmediatamente para
saber si has llegado bien. ¾Sí, Yolanda. ¡Cuánta nostalgia voy a sentir! ―musitó Carlos mirando hacia abajo. Cuando levantó sus ojos, vio que su novia derramaba lágrimas, entonces le suplicó con ternura: ―
¡No quisiera ser causa de una lágrima tuya! ¡Pronto regresaré! ¡Dios
sabe que te quiero mucho y regresaré a casarme! ¾
¿En junio estarás de regreso? ¾Sí, Yolanda mía. Aparta toda idea de que voy a quedarme más de tres
meses. En los últimos días de junio, lo más tarde, estaré a tu lado.
No te puedo mentir, pues hacerlo es mentir a mi mismo. ¡Mi futura
esposa! <<Retorno>> es el juramento que regresaré en junio. Esas
palabras esfumaron momentáneamente la tristeza. Tres meses serían
corta separación. Ensueños dulces, caricias y amor llegará con él
dentro de tres meses. Y pensando eso pasaron los minutos. En
la sala oficiaba el silencio. Nadie los miraba ni los oía en aquella
soledad, solo los espiaba la tristeza y la melancolía. Carlos
sacó de su bolsillo una cajita de terciopelo que contenía dos anillos:
uno con su nombre y otro con el de ella. ¾ Yolanda
―le
dijo él tomando un anillo y poniéndoselo en su dedo anular izquierdo―,
las
circunstancias se han opuesto a nuestra unión. ¡No importa! Yo
permaneceré unido a tu existencia. Vine a buscar mi destino en tu vida,
y lo encontré. Este anillo deseo que lo tengas puesto cuando nadie te
vea y pueda censurarte que lo llevas sin ser mi esposa todavía. Yo
llevaré siempre el mío. Me acompañará en mis estudios, en mi
graduación y en mi retorno. ¾ Ya
los tenemos para nuestra próxima boda. ¾ ¡Sí,
novia mía! Hoy en la mañana pensé escribir unos versos para nuestro
<<Retorno>> y decirte lo que realmente siento: que te
quiero, que te adoro, que deseo ser acreedor a tus ilusiones y
recuerdos. Retornaré en junio para que seás mía y yo tuyo para
siempre. ¾Te
esperaré toda la vida. ¾Lo
sé, amor mío. Cuando se apague la luz del día llenaré mi almohada de
ensueños que irán dentro del silencio en busca de tus ilusiones. ¿Recordás
mi primera carta? ¾Sí.
La guardo como algo muy querido. ¾En
ella te decía que aquellas notas eran mi corazón hecho un vals; ahora
<<Retorno>> y este anillo son juramentos sagrados que
retornaré en junio, y testigos de mi deseo vehemente de que no haya
luto en nuestras primaveras. ¡Amor mío! Ha llegado la hora de partir. ¾ ¿Ya
te vas? ―preguntó
ella resignadamente cuando él consultó el reloj. ¾Sí.
¡No deseo irme, pero ya es tarde! ¡Adiós! ¡Hasta junio! ―y
Carlos la estrechó la última vez contra su pecho. ¾
¡Adiós!
¡Hasta junio! ―contestó
ella. Se despidieron entre sollozos. Surgió el último beso bañado de
lágrimas. ¾
¡Adiós!
¡Hasta junio! ―repitió
él, y se alejó lentamente, cabizbajo y triste. Yolanda, llorando tras los ventanales, oía que la melancolía le dictaba estas palabras que no pudo decirle al que se fue: <<Carlos. Te vas, y yo quedo soñando en tu retorno en junio.
Nacieron tantas ilusiones en mi senda cuando te vi por primera vez en el
colegio, que en todos los lugares encuentro tu recuerdo que me habla.
Quedamente volando la angustia insiste en llenar con su luz el contorno
como en un plenilunio, mientras mi soledad, inmensamente triste, desde
hoy queda soñando en tu retorno en junio.
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